Qué ha supuesto la Psicología Transpersonal para mí

Me había pasado media vida dirigiendo la mirada hacia el exterior y tratando de llenar el vacío interior que sentía con estímulos constantes (¿te suena?). Lo que fuera con tal de no tener que quedarme conmigo misma y mirar en mi interior. Pero, como la vida es sabia, distintos eventos me obligaron a hacerlo. Desde ese momento, todo cobró más profundidad, surgió una brújula interior que antes no estaba ¡y no he podido parar!

5/8/20244 min leer

Tengo el recuerdo de un día en Londres, donde viví durante ocho años, caminando por la calle y pensando: ¿Es esto todo lo que hay? Había una parte de mí que se sentía vacía; era funcional, tenía una vida normal, pero era como si me faltara algo. Bueno, más tarde descubriría que ese "algo" era una desconexión absoluta con mi ser y con mi brújula interna.

Tiempo después, estaba viviendo temporalmente en Gran Canaria con mi pareja y trabajando desde allí. Cada día me levantaba preguntándome: ¿por qué, si todo parece perfecto, yo no me encuentro bien? En realidad, nada era perfecto, pero yo no lo veía. Y de repente, un día, tras una serie de catastróficas desdichas, mi pareja me dejó y se volvió a Londres. No puedo explicar con palabras el dolor que sentí. Algo se desgarró en mi interior. Era el dolor de la ruptura, pero debajo había un dolor más lejano, más profundo…

Dos días después, mientras trabajaba aguantándome el llanto, pasó algo. Por aquel entonces, yo trabajaba en el departamento de traducción de una aplicación de citas. Teníamos un blog con consejos sobre relaciones, citas, etc. Mi labor era revisar las traducciones realizadas por una de nuestras freelancers para asegurarme de que todo estuviera bien. Ese día, el texto que tenía que revisar hablaba de los estilos de apego. Nunca había oído hablar de ellos, y me dio un vuelco el corazón. Empecé a buscar más y más información: ¿seré ansiosa?, ¿tendré apego desorganizado? De ahí pasé a preocuparme por si tenía algún trastorno mental. Leía y leía, y me veía reflejada en muchos de los síntomas.

Sentí terror. Sentí que había algo mal en mí. Lo primero que hice fue buscar una psicóloga. Ella me ayudó a superar el duelo y a comenzar a tirar del hilo…

Tengo tendencia a necesitar comprender, darle un sentido a todo y mantener el control. Pero en aquella época, lo que yo creía que era se estaba desvaneciendo. No paraba de leer y de buscar información, y un día Jung llegó a mi vida. Las ideas del famoso psiquiatra suizo me ayudaron a comenzar a cambiar mi mirada del exterior al interior. Él decía: "La gente es capaz de hacer cualquier cosa, no importa lo absurda que sea, solo para evitar enfrentar su propia alma". ¡Y cuánta razón tenía! Me enamoré del concepto de la sombra y de la importancia de su integración. Eso me abrió las puertas a un mundo nuevo, donde el simbolismo y el mito aparecieron para dar forma a mi historia, a mi evolución y señalarme el camino.

Jung me llevó a la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal, donde, tras un año dedicado a mi propio proceso —que continuará toda la vida—, decidí formarme como terapeuta transpersonal.

Le estaré siempre eternamente agradecida a la escuela, a la gente que conocí allí y a los tutores. Por primera vez, pude mostrar y sentir mi dolor bajo la mirada compasiva de alguien más. Pude contar mi historia sin ser juzgada. Descubrí la importancia de la mirada compasiva del otro para la sanación y de la escucha activa. Todo el caos interno empezó a ordenarse. Poco a poco, empecé a mirar a esos lugares que antes no me había atrevido a explorar para traer luz. Descubrí la meditación y sus beneficios: pude estar presente en el día a día, vivir desde otro lugar y tener la capacidad de reaccionar de otra manera, en lugar de dejarme arrastrar por el patrón aprendido.

Empecé a tener compasión por mí misma, por mi historia y por lo que era. Donde antes había juicio y rechazo, comenzó a haber espacio para hablarme mejor y aceptarme tal cual soy.

Me sentí liberada, liberada al tener la certeza de que el "yo persona", ese con el que estaba identificada y que tanto sufrimiento me traía, no era yo. Yo, como todos, somos mucho más. Entendí la importancia de integrar ese "yo persona" para poder estar sana y permitirle cumplir su papel, pero, poco a poco, me fui enraizando en la identidad transpersonal, en la identidad esencial, desde la que el proceso de integración se hace más fácil.

Tras este proceso, no pude evitar acordarme de aquel día en Londres, preguntándome si eso era todo. Me hacía gracia pensar lo equivocada que estaba. Sé que este es un proceso que durará toda la vida y que no será lineal, pero ahora la vida tiene más profundidad, otro matiz. Lo trascendente ha existido en el ser humano desde sus inicios, y la psicología transpersonal supuso para mí el despertar de la función trascendente. No de una forma dogmática o adoctrinante, sino a través de la experiencia directa. Lo trascendente es una vivencia personal y subjetiva, que cada uno siente y experimenta a su manera. En el pasado jamás hubiera pensado en su relación con la psicología; ahora tengo claro que ambas cosas van de la mano.

No puedo imaginar nada más emocionante que conocerse a uno mismo, las luces y sombras, las heridas y máscaras y todo aquello que nos aleja de quienes realmente somos y nos hace sentir ese vacío interior. En realidad sí, ayudar a otros, como en su día me ayudaron a mí, a desarrollar autoconciencia y a atreverse a mirar en esos lugares que a veces dan miedo, para después volver como un héroe o heroína, con las herramientas necesarias para vivirse desde un lugar nuevo.